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miércoles, 27 de abril de 2011

ME VOY PAL CAMPO (3)

Dicen que 21 días se necesita para empezar a habituarse a una situación nueva. Debe ser verdad. Bueno, también he puesto bastante esfuerzo por mi parte. Recrear tu propio mundo en un mundo extraño tiene su trabajo. Y hacerlo sin intentar imitar la etapa que ha quedado atrás, sin repetir lo que ya no puede volver, más todavía.
Tengo estos días mi novela LAS MALQUERIDAS agarrada en las tripas. Mi primera novela regresa, esta vez convertida en obra de teatro. ¿Se puede escribir una obra completa en cuatro días? Llamadme Bárbara Cartland, pero lo he hecho. La pasión y la naturaleza, la tranquilidad que me rodea me ha inspirado. Eso y el adelanto que me dieron por escribirla, todo sea dicho. Doy gracias por ello a Dios y a quien él sabe, la que me hizo el ingreso.

Acabo de venir de correr. El mundo siempre es distinto, aquí, cada día, cada vez que salgo a la calle. Desaparecieron las Lilas y ahora brotan las Celindas en cascada. Permanecerán así un par de semanas. Mi tiempo ahora ya no se mide por tiempo, se mide por épocas de flores. En Madrid, me producía expectación descubrir un bar nuevo que se abría, un cartel distinto en los cines de Callao. Ahora eso me parece un poco triste. El mundo aquí cambia cada segundo, siempre es distinto.

Muchas veces me he planteado que los que nos dedicamos al mundillo del arte somos en realidad unos grandes estafadores. Unos estafadores en toda regla. Lo que damos a la gente son apenas minucias, sobras. Si cualquier ser humano fuese capaz de ver lo que tiene delante, salir un día por la naturaleza y ver el milagro que se despliega alrededor, comprendería lo que estoy diciendo. A los demás les sonará a chino. Así que ahí queda eso. Supongo que por otra parte también es necesario para las personas habitar los mundos de fantasía, las historias inventadas, pero debería ser en una proporción 20-80 (ochenta para vivir el aquí y el ahora), y no al revés, como ocurre en las grandes ciudades. La transformación del entorno en el que vivimos no puede estar supervisada por ese arquitecto del Caixa Forum, por ese modisto que nos sorprenda con una nueva colección primavera verano o con ese señor con bigotes que saca una novela que habla de no sé qué guerra. La transformación de nuestro entorno en el que bebemos no debería esta supervisada por personas. La naturaleza ya está haciendo esa labor, ¿por qué no salir a descubrirlo?

Salgo a correr. Voy mirando el suelo, con cuidado de no pisar ninguna hormiga. Me obsesiona no matar ningún bicho. A veces me pregunto por qué. De vez en cuando se cruza un insecto en mi camino, corriendo veloz. No me da la gana pisarlo. Cada ser vivo constituye un punto de vista en sí mismo. Ese insecto corre hacia algún lado, tiene una intención, algo que para él es importante cumplir. Si lo piso, aquello tan importante se quedará sin hacer. Esto tampoco puedo explicárselo al que vive con una desconexión total con el entorno y consigo mismo. Me rindo. Si pudiesen entender de lo que estoy hablando, a los señores con bigotes que escriben libros de no sé qué guerras no les haría falta sentarse en una plaza de toros para divertirse masacrando a un ser bello y noble.  Existen tantos mundos como puntos de vista. El de mi querido insecto es uno más. Hace millones de años no había consciencia en el mundo. El planeta estaba únicamente habitado de plantas y flores. Todo se perdía. No había ningún ser que pudiese olerlas, no había nadie que pudiese ver sus colores ni escuchar el fulgor de la tormenta. Sin una consciencia que lo perciba, como la de nuestro querido insecto, como la de cada uno de nosotros, no existen los olores, ni los colores, ni la belleza de los sonidos.

Atardece. Es un atardecer distinto al de ayer. Debería bastarme, pero mis ojos buscan a ese Federico García Lorca que tengo enredado en las tripas, compañero de viaje, inspiración para mi obra de teatro.


ADELA.– Madre, ¿por qué cuando se corre una estrella o luce un relámpago se dice:
Santa Bárbara Bendita,
que en el cielo estás escrita
con papel y agua bendita?

BERNARDA.– Los antiguos sabían muchas cosas que hemos olvidado.

AMELIA.– Yo cierro los ojos para no verlas.

ADELA.– Yo, no. A mí me gusta ver correr lleno de lumbre lo que está quieto y quieto años enteros.



Supongo que mi querido Lorca, el día que escribió esto, inmediatamente después de escribirlo se habrá tumbado a dormir la siesta. 
Haces bien, querido. Duerme tranquilo. Por hoy ya has hecho más que suficiente.



viernes, 22 de abril de 2011

MADONNA VERSUS LADY GAGA

Cuando uno tiene un blog, al final sabes que va a llegar el momento en el que tengas que hablar de cosas como John Galliano, o Belén Esteban, o en este caso del supuesto enfrentamiento entre Madonna y Lady Gaga.
¿La Gaga copia a la Madonna o no la copia? Bueno, si este es todo el problema tampoco hay mucho que comentar, al fin y al cabo Madonna se ha pasado la vida justificando con "homenajes" la caracterización de  todo un imaginario de personajes míticos, vamos, que lo que quiero decir es que quien copia a un copión tiene cien años de perdón. Todos los autores copiamos a los artistas que nos gustan. Y más al principio, cuando tu estilo no está definido. Sí, es verdad, Born this way es clavadito al tema Express yourself de Madonna, que digo yo que ya que la Gaga fusilaba un tema de la cincuentona podía haber elegido otro menos soso e insustancial, pero bueno. Copiar es lícito siempre y cuando lo hagas bien, y ya sabemos que todo está inventado desde aquellos primeros dramaturgos, músicos y poetas que nos jodieron la vida a los que vinimos después, los que ya no tuvimos oportunidad de escribir el primer Hamlet ni el primer Quijote sino obras siempre relacionadas de una forma u otra con los grandes clásicos.
En el caso de Lady Gaga, parece ser que la humanidad siempre ha necesitado ídolos cíclicos que representen las ideologías, las creencias, y en este caso la fuerza arrolladora y poderosamente transformadora de la juventud, esa época en la que absolutamente todo vale. Gaga se disfraza, como en su día Madonna, provoca, se mete con todo, se hace amiga de los gays, deja como el culo a la Iglesia, en fin, lo de siempre.
En su día yo fui fan incondicional de Madonna. Se puede decir que fue mi ídola total. Asistí con desenfreno a sus primeras provocaciones, a sus bailarines ambiguos, a alguna que otra canción realmente buena. Más adelante, llegó su madurez. Si tuviera que elegir un momento en el que (siempre bajo mi modesta opinión) las edades cronológicas y artísticas de Madonna coincidieron, ese fue el lanzamiento de Ray of Light. Por fin parecía que Madonna coincidía con Madonna en ese desbarajuste de tiempo, de personajes, de falsos homenajes, de estudiada comercialidad. De pronto veíamos a una Madonna guapa, relajada, con el pelo ni negro ni rubio, ondulado al viento. Por fin parecía que la niña había madurado con aquellas canciones preciosas a pesar de su forzada espiritualidad y de su conversión al cábala cosa que, personalmente, me importaba un pimiento. Por fin Madonna había conseguido armar tan bien su estudiado papel como para resultar creíble.
Más tarde, con los siguientes discos, los amantes de la diva asistimos a un lento deterioro que nos hacía mirar en ocasiones hacia otro lado. No por el lado musical, que al haber tanta pasta de por medio resultó casi siempre impecable, sino por el otro, el de la ley de la naturaleza. Esa naturaleza que dicta cosas como que a partir de los cincuenta no te puedes poner unas licras y bailar con niñitos raperos como si fueses una más.
Es como cuando tu madre, que ya va teniendo una edad, se separa de tu padre y se opera las tetas y se apunta al yoga y tú al principio te alegras, dices: qué bien, pero claro, luego la tía se busca una chaval treinta años más joven, se sigue operando, y tú de reojo empiezas a darte cuenta (sin perder la sonrisa, para no alarmar a ninguno de tus hermanos) que a tu madre se le está yendo un poco la olla, pero claro, tienes que continuar celebrándolo, con el gesto de espanto pero celebrándolo, porque mucho peor hubiese sido que tu madre se encerrase en casa, deprimida, mohína, a llorar por tu padre que se fue con otra, o porque no le encuentra sentido a la vida, o porque se ve viejuna.
Y por fin llega ese día (a mi me pasó con Madonna en el vídeo de American Life) que en las fiestas de tu pueblo toca un grupo que imita a la Oreja de Van Gogh (cuya cantante a la vez imita a la anterior cantante de la Oreja de Van Gogh) y tu madre se desmelena y sale a bailar a la pista con ese característico gesto con la boca en forma de O que ponen las señoras mayores (Madonna incluida), moviendo las tetas todavía sin drenar y las caderas y con la mirada baja, como disculpándose a sí misma, pero imparable, imparable ella, y entonces te das cuenta de que las adoras, las adoras a las dos, a tu Madre y a Madonna, y también te das cuenta de que a partir de ahora te esperan varios momentos en los que deberás mirar para otro lado, disculparlas, hacer como si no pasara nada.
Pero sí que pasa.
Cuando Madonna salió en la portada de su último disco vestida de boxeadora no pude más. En su momento la diva me inspiró para salir del armario, para soltarme en las discotecas, para sacar lo mejor de mi mismo. Pero... ¿ahora? ¿Qué es lo que me quiere decir? ¿Qué cuando cumpla los cincuenta y cinco debo seguir igual? No, gracias, querida. Espero que, cuando llegue a tu edad tenga una vida lo suficientemente valiosa para ya no necesitar de tanto artificio.

La Gaga me mola. Además de venir reivindicando todo lo que en su día reivindicó la otra, se le suma también la aceptación de ese liderazgo nato que tenemos los raros. Ya me hubiese gustado que Madonna lo sacase a la palestra en su día. Por lo tanto, no hay enfrentamiento. Aquí no ha pasado nada. No sé si a mi sobrino le gustará Lady Gaga o no, pero lo que estoy seguro es que se identificará mucho más con ella que con una señora que tiene unos pocos años menos que su abuela.
Curiosamente, lo que diferencia a la Gaga de Madonna es que la primera todo el rato interpreta su papel, es decir, que nunca la oímos hablar como la persona sino como el personaje, lo que resulta fantástico cuando dice, como hace poco, que las prótesis de reptil que se pone en los hombros y en la cara desde hace unos meses son en realidad sus propios huesos que controla a voluntad en el proceso de transformación que está experimentando hasta darse al mundo a conocer. Espero que esta tía tenga los ovarios bien amueblados para no dejarse llevar por la riada de su propio personaje. Yo creo que lo hará bien. Es lista, es demoledora, y canta y baila mil veces mejor que Madonna.

Los que crecimos con Madonna, los que la admiramos y asistimos a su proceso vital intentando provocar un crecimiento casi paralelo, nos faltó esa parte de la madurez en la que la diva se relajase, dejase de competir y se convirtiese por fin en ser humano. Después de su ascensión a los cielos, hubiese estado bien el aterrizaje en la tierra en justo proceso inverso (ese que todos debemos hacer llegado el día), un proceso de replegamiento, de liberación, de vuelta a la semilla, de dejar ir lo que ya nos es imposible abarcar. Se trata de una parte indispensable del desarrollo personal que llega en la última etapa de nuestra vida, antes de decir adiós a este mundo.

¿Podrá la virgen Madonna recorrer el camino inverso para volver a ser mujer? Eso sí que tendría mérito y no llegar hasta donde ha llegado.

jueves, 14 de abril de 2011

ME VOY PAL CAMPO (2)

Aquí, tal lejos del bullicio, la vida recupera su sentido. En las copas altas de los árboles se desenreda el viento. Leo a Lorca bajo la parra, los primeros rayos del sol tamizados de hojas. Pájaros de la mañana, en los árboles se quiebran. Recuerdo canciones viejas. Porque de ti volví a aprender el nombre de las cosas: pan, casa, destino, camino.

Y es así como todo va ocupando su sitio. La esquina del lirio morado, apenas encendido con un rayo de sol. El arroyo negro lleno de ramas, la risa como un jazmín caliente. Ofelia tumbada en la luz.
El cielo, cielo.
El trigo, trigo.

Hace poco leí que la seguridad que nos pasamos la vida buscando no se alcanza intentando tenerlo todo controlado: el trabajo, la cuenta del banco saneada, la casa propia,. Intentar colocar la seguridad en los elementos siempre cambiantes nos produce una sensación de caminar en una cuerda floja: en el fondo sabemos que nada permanece, que todo puede irse a la mierda en cualquier momento. 
Buscar la seguridad. Qué dilema. Nos pasamos la vida esclavos de otros para tener el último modelo de IPHONE y las vacaciones aseguradas en el mes de agosto. La verdadera seguridad que tanto necesitamos no reside en intentar controlar y tener bien atado nuestro entorno, tarea tan difícil como imposible, sino en saber que, pase lo que pase, seremos capaces de adaptarnos a lo que vaya a suceder. Porque al final, siempre sucede. La pérdida de dinero. De status social. La pérdida de los que queremos, de la juventud. Ir desarrollando la capacidad de adaptarnos a los cambios es importante. Ahí reside nuestra verdadera seguridad, nuestra tranquilidad. Haber transitado por esos caminos y haberlo hecho bien nos relaja, nos impulsa a creer que, suceda lo que suceda, podremos con ello.

Desde el principio me planteé este cambio en mi vida, la vuelta a un entorno rural, la cercanía recuperada de mi padre, como un ejercicio para poner a prueba mi capacidad de adaptación que es, según la psicología, el punto más importante a la hora de obtener felicidad en la vida. Solo sobreviven los que se adaptan. A nivel universal y también en la esfera de lo personal.

Está sucediendo algo a nivel planetario ¿no lo sentís? Ojalá todo el mundo tenga la ocasión de tomarse un respiro en el silencio de la naturaleza para poder pensar en ello. El mundo se está yendo al carajo, las cosas se están precipitando de una manera vertiginosa, y nadie es capaz de detener esto que amenaza con destruirlo todo.

Pero, al mismo tiempo, existe un sector de la humanidad que está comenzando a despertar. A realizar un cambio desde dentro, que es desde el único lugar donde se pueden transformar las cosas. Combatir la periferia para intentar cambiar el núcleo no funciona, es otra forma más de violencia, y si no mirad a los políticos pelear en el parlamento.

Esto me recuerda al Señor de los anillos. Je je ej. El mal extendiéndose por la Tierra Media, y al mismo tiempo un pequeño Hobbit, con su sencillez, su comarca y su hierba para fumar capaz de trasformarlo todo. La nueva conciencia que surge (según Eckhart Tolle un acontecimiento a nivel planetario sin precedentes) luchará contra las fuerzas de la inconsciencia, y el ego (el poder de Sauron). 

Una última cosa. Aquí en el campo hay un pajarillo que canta y suena exactamente igual que el pitido del teléfono fijo. No es coña. No me lo invento rollo escritor graciosillo. Es que el muy hijo de puta suena igual ¿Os imagináis? Me tiene todo el día descolocado. Vas por el jardín y dices: joder, el teléfono otra vez. 
¡Y es el jodío pajarillo!


miércoles, 13 de abril de 2011

ME VOY PAL CAMPO (1)

Ayer algunos me preguntaban, al conectarme de nuevo a internet después de una semana de ausencia. ¿Cómo es eso? ¿Que te has ido a vivir fuera de Madrid?
Pues sí. Me he ido. No voy a negar que ha sido por la fuerza, como sucede casi siempre que la vida nos obliga a salir de nuestro entorno apacible para enseñarnos algo nuevo, para ir un paso más allá: por la fuerza. Y no pasa nada. No es nada malo. La vida tiene su propia fuerza y no voy a insistir en el tema de que aferrarse a las cosas que van quedando atrás es el principal motivo de sufrimiento para todos.
Tampoco voy a negar que no lo tuviese planeado, esto de pirarme de la ciudad. Pensaba hacerlo cuando cumpliese más o menos los 45 años (eso es lo que planeaba mi subconsciente) pero esta crisis espantosa y dos o tres factores añadidos me han obligado a hacer las maletas apresuradamente.
Tampoco es que yo sea mucho de ciudad. Me gusta ir, verla, estar un tiempo y volverme. De alguna forma, cuando vivía allí, en el centro, ya me había fabricado mi parcela de cielo con mi terracita y mis plantas y mi ático tipo cabaña en el que pasaba tanto tiempo. Pero el precio a pagar era caro. No estoy hablando metafóricamente. Vamos, que el alquiler valía un huevo y la mitad del otro. Hice todo lo posible para vivir en Madrid, todo lo posible para vivir de forma que me permitiese seguir escribiendo, pero al final, como siempre, el guión de la vida se impuso a mi propio guión.

En sucesivos blogs iré contando cómo es esto. Ahí va una foto para que os hagáis una idea de lo que se ve desde mi terraza.





Tampoco es que yo disfrutase mucho de Madrid. Iba del gimnasio a casa y de casa de algún amigo a mi paseillo por la Gran Vía pa dejarme ver. Soy de esos raros que prefieren la lista de los cuarenta principales al tecno de las discotecas y que le aburren una barbaridad los museos (sobre todo los de pintura), se duermen en el teatro Real cuando van a ver una ópera y casi nunca se levanta los domingos para ir a La Latina de tapas. Quien sabe, quizá ahora, cuando vaya para el centro, casi con la mirada y la actitud de un turista, comience a hacer todas esas cosas que desde el vórtice del huracán no hacía.

Es curioso porque, en cualquier caso, si la vida no me hubiese empujado a hacer este cambio que tantas dificultades y tantas cosas maravillosas me está obligando a vivir, jamás hubiera salido de mi comodidad. Esa comodidad que se había convertido en vacío total en los últimos tiempos.
No queremos renunciar a nuestra seguridad por nada del mundo, eso está claro. Ahí estamos, encadenados a nuestras hipotecas, a nuestros matrimonios, a nuestras jubilaciones, quejándonos que la vida nos sabe a poco (o a nada) pero sin ser conscientes de que en realidad pocas cosas nos atan, que podemos coger la mochila y marcharnos a vivir una vida nueva más acorde con nuestros valores, renunciando a unas pocas comodidades que en realidad tampoco son para tanto.


Claro, que para eso primero deberíamos hacer una lista de  cuales son nuestros valores prioritarios, como sabiamente me aconsejó Laura la semana pasada cuando acudí a mi sesión de Psicología Positiva.
Es curioso, pero al hacer la lista te das cuenta de que, tal vez, inviertes todo el tiempo del día en conseguir logros que no corresponden con tus auténticos valores, con lo que realmente te hace feliz.

Intentaré, desde aquí, seguir hablando del tema mientras busco curro, mientras acabo mi nueva novela y preparo una obra de teatro que se estrenará en breve en la Sociedad Cervantina.